El lema de la Semana Internacional del Acceso Abierto 2026, que se celebrará del 19 al 25 de octubre, será “El coste del conocimiento”, en una invitación a repensar la comunicación académica desde criterios de equidad, democracia y servicio público. Ya no se trata únicamente de abrir artículos o reducir muros de pago, sino de cuestionar quién controla la producción científica, quién obtiene beneficios y qué costes sociales, laborales y ambientales sostienen el sistema.
Una gran parte del trabajo académico que sostiene la publicación científica —redacción, revisión por pares, edición y gestión científica— es realizado por investigadores sin compensación económica directa, se invita a preguntarse al servicio de quién se pone ese trabajo voluntario y si el modelo vigente redistribuye de manera justa el valor generado por la comunidad investigadora.
Otro eje central es la desigualdad global en la producción y circulación del conocimiento; muchas regiones del mundo siguen excluidas de una participación equitativa en la creación y difusión científica. La ciencia abierta no puede limitarse al acceso gratuito, sino que debe incorporar justicia epistémica y pluralidad cultural.
También se introduce una cuestión muy actual: el uso de la investigación científica para entrenar sistemas de inteligencia artificial sin consentimiento ni compensación para autores e instituciones. A ello se suman los costes medioambientales de la infraestructura digital contemporánea, recordando que la transición digital del conocimiento no es neutra desde el punto de vista ecológico.
Los modelos de publicación sin tasas para autores, iniciativas comunitarias, infraestructuras no comerciales, sistemas cooperativos y propuestas basadas en el conocimiento como bien común, son alternativas viables que tributan a la Recomendación de la UNESCO sobre Ciencia Abierta, adoptada por 193 países, la que reconoce la necesidad de avanzar hacia sistemas más justos, inclusivos y sostenibles.
